miércoles, 6 de enero de 2016

I'm so freak, enero



Las vacaciones para mí son lo mismo, pero  tocando fondo en lo más bizarro. Dejar de mirar series para alienarme con los realitys de MTV hasta las 3 de la mañana, mientras ceno- mientras leo- mientras me hago parte de otra red social que abandono al instante, porque irónicamente no quiero sociabilizar, sino desaburrirme. Simón dialéctico diría que esa palabra se subraya con rojo porque no-es. Yo le contesto que divertirme cotiza en una moneda que está lejos, tan en opuesto, que es una sombra. El bolso del viaje sigue en el pasillo, en el mismo punto en que lo tiré, preocupada, antes de correr hacia el interior del depto para ver si la gata aún me amaba y había decidido esperarme. Eso es un amor de los buenos (le digo a mi Freud interno, mientras anota y se me caga de risa): el que no sabe ni siquiera por qué me fui y si voy a volver, y sin embargo me tuvo fe, una fe que ni yo misma puedo desarrollar hacia ella o el mundo. Por eso la busqué sin respirar apenas entré: no confiaba en su espera.  Debe ser algo que perdimos en la evolución a cambio de nada, determino como conclusión y vuelvo a la soledad. Freud interno se va a dormir, pero ya no puede. La gata observa sabia y callada, desde su triunfo natural; se quedó y tuvo su premio, su final feliz. ¿Cómo le digo que ahora se usan los contratos, las promesas? Y que nadie puede estar a la altura  de cumplirlas foreverbaby, por eso hay tantas estafas, deserciones y poca fe en la palabra. Mía no entiende el paso del tiempo y la división caprichosa de las horas.  Así, sin números, debe ser más fácil caminarse una vida relajada. Yo podría haberle dicho a alguien que viniera a darle de comer y achicarle la espera, pero preferí la adrenalina, la prueba de afecto, el tren fantasma. Quizás estoy mirando todo con demasiado énfasis en llegar a conclusiones. A la gata no le importa, volvió a sus rutinas y me ignora. Tendría que reconocer que no soy [todo lo anterior] para ella, sino un dispenser de comida  que falló por un rato indefinido. El bolso sigue en el mismo lugar, apenas despanzurrado para sacarle lo mínimo que usé en estos días. Me hace acordar a cuando me mudé y nunca desarmé las cajas, en 11 meses. Debe ser que me siento un poco así, desarraigada en mis costumbres. Las vacaciones son un poco eso, dicen los realitys. La gente es feliz en enero, viviendo momentos que no usan  el resto del año. Los gatos tienen 7 oportunidades para averiguar de qué se trata todo. Para mí, la felicidad es un insight fuera de lo real, mientras afuera son las 3 de la mañana. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario