Flowerland
La caja abierta y cerrada de Schrodingër. Y lo que pasa por la neurona del gato mientras tanto.
viernes, 16 de octubre de 2026
sábado, 10 de octubre de 2026
Fábula 1
Hay un mar tatuado dentro del ojo del ave
que la guía hacia un destino anterior al de ella misma.
Se pregunta cómo seguir un mapa hacia futuros
que no están en el adelante mismo
sino dentro de sus propias células.
Desgarra entonces los telones que la sobreprotegen
del enceguecimiento, de los contrastes de la luz,
y fusiona sus alas con la sombra
que la envuelve en los círculos de la incerteza.
Olvida lo que sabe y convierte su duda en alimento,
se propulsa hacia el mapa que la llena de sentidos
y lo impreciso de las direcciones se ramifica
en ancla, peso y consistencia.
Las sirenas de aquel mar bailan señales para ella
que despiertan la urgencia de los pasos de su vuelo
y el camino que no estaba antes de la duda
comienza irrefrenablemente a comenzar.
sábado, 11 de julio de 2026
Ser pasillo
El vals transcurre entre paredes de neblina.
Se agita el sepia de mi cuerpo
sin poder decidirse todavía
por la claridad de un color.
Ahí, en la rareza de la intermitencia
siguen escribiéndose solos
los nombres de las máscaras
que giran sobre mi ánimo como trompos inalterables.
El camino, mientras tanto, dice que avance en la confianza,
que sea paso mientras dejo de ser el suelo,
pero las plantas de mis pies crecen lentamente, todavía,
como semillas prematuras que brotan en invierno.
Se nace igual, me digo, como las mañanas.
Todo corazón se cuece a las brasas y a las espinas
Pero eso: lentamente.
Hoy siento el recorrido del mundo sobre mi espera.
Hoy siento que caminan en mí los pasos
de los que saben hacia dónde.
Soy pasillo, hoy. Mañana
(pronto, cerca),
seré claridad y destino. Pero hoy
solo quiero mirar cómo todo lo lento cura
mientras ruego que lo que cura me haga sitio.
viernes, 5 de junio de 2026
Siete inviernos
martes, 31 de marzo de 2026
Formas de la luz
Monocromo y Sepia se miran y son suficientes.
Sobre ellos resbala el color que cae en copos tornasolados.
Impermeables a otros, fieles a los pactos instintivos
amasan todas las formas de la luz
hasta convertirlas en una esfera cóncava y convexa
un Aleph con el que juegan en las noches
que es capaz de explicar el todo y las partes de lo simple
demostrando que eso, en su para siempre, alcanza.
No hay presente ni futuro que sea urgente o importante
fuera de los tonos que fabrican a partir de la nada entre las patas,
entre la carne y pelo y la tarde que se apoya en sus hamacas
y el silencio que forma esperas en los atrapasueños
que al fin hablan, y hablan de ellos, que así de indiferentes
frente a otro mundo que no sea el suyo propio
nos han hecho reformular la física con su mantra involuntario
que descoloca las definición de algunas sinestesias
y describe al color como una abstracción que solo ocurre
cuando otros ojos y una intención cercana
deciden construir un refugio seguro y nutuo
muy adentro, bien adentro del que nosotros habitamos.
sábado, 13 de diciembre de 2025
El lavado como problema de territorios (II)
PH: Jesmond Magro
Mucha risa te da. Mucha risa. Te reís
cuando voy hasta el balcón y digo:
Soy como este brochecito de madera.
Creés que solo una mente estúpida se aferraría
a un broche de ropa con todos los dedos,
como si las garras protegieran un secreto, un nido
una cosa que importa, un nombre
al que le crecerá una mayúscula en el futuro.
Pero un broche de ropa, decís. Un palito de la ropa
marrón, quebradizo, desteñido ¿le importa a quién?
Y eso es todo lo que necesito para el desencanto.
Esa idea, ese desprecio sobre la cosa mínima.
Ese regodeo que se apoya en las varas imaginarias
de la importancia propia ejercidas contra un palito
que no nació para darle valor a los ajenos
ni para pasar pruebas que no le incumben.
Dejalo. Dejá, digo mientras cuelgo sobre la soga
una sábana de tela blanca
que no significa de ningún modo estar rendida,
significa pared que me deja de este lado
que es contrario al tuyo, justamente.
Voy a caminarlo, ¿sabés? Voy a absorberlo
y es el humilde palito quien sella el pacto interno
que corta nuestro balcón por la mitad
como si lo hubiera derrotado una tijera, un hacha,
o el derrumbe definitivo de lo que cae con el peso
de las mil veces que ha recaído antes.
Algún día va a entenderlo, digo.
Algún día, ya muy lejos de este día,
existirá un broche en lo lejano de otra soga
madera noble que se moja y al día siguiente ya está seca
péndulo que se polariza en bailes con el viento
dispuesto no digo a apretar, sino a sostenerse
y sostener, sostenerlo,
y apenas brille el sol de la tarde en su nervio,
en su nudo de metal introvertido,
él percibirá un corazón en esa forma acaracolada y fría,
y dirá, en un eco que ya no llega:
¿cómo no me di cuenta?
El lavado como problema de territorios (I)
Querido vecino que todos los sàbados
desde hace meses
cumplís con tu rutina de asado nocturno
para la familia tipo,
te pido por favor
que te permitas el sabor de la aventura
y el insight de los nuevos ingredientes.
Improvisar
es un acto de rebelión necesario
en la rutina y el orden
de una pareja con dos hijos.
Quizás puedas considerar que los martes
también existen y son buenos para el asado
ni te digo los jueves, en que la carne
está tan fresca que todavía
huele a campo y no a matadero.
Te cuento que esos días son ideales
para la cocina al aire libre
pero no para el lavado de ropa del resto.
Justamente los sábados, aquellos
que no tenemos terrazas
ni parrillero, ni familia tipo
nos ocupamos de lavarla.
Te juro que no es nada en tu contra.
Es que este fue un año difícil
y me encantaría
que, por una vez,
al sacar la ropa interior de la soga,
el domingo,
no tenga olor a humo
ni a chinchulines
y mucho menos a familia.





