Flowerland
La caja abierta y cerrada de Schrodingër. Y lo que pasa por la neurona del gato mientras tanto.
viernes, 5 de junio de 2026
Siete inviernos
martes, 31 de marzo de 2026
Formas de la luz
Monocromo y Sepia se miran y son suficientes.
Sobre ellos resbala el color que cae en copos tornasolados.
Impermeables a otros, fieles a los pactos instintivos
amasan todas las formas de la luz
hasta convertirlas en una esfera cóncava y convexa
un Aleph con el que juegan en las noches
que es capaz de explicar el todo y las partes de lo simple
demostrando que eso, en su para siempre, alcanza.
No hay presente ni futuro que sea urgente o importante
fuera de los tonos que fabrican a partir de la nada entre las patas,
entre la carne y pelo y la tarde que se apoya en sus hamacas
y el silencio que forma esperas en los atrapasueños
que al fin hablan, y hablan de ellos, que así de indiferentes
frente a otro mundo que no sea el suyo propio
nos han hecho reformular la física con su mantra involuntario
que descoloca las definición de algunas sinestesias
y describe al color como una abstracción que solo ocurre
cuando otros ojos y una intención cercana
deciden construir un refugio seguro y nutuo
muy adentro, bien adentro del que nosotros habitamos.
sábado, 13 de diciembre de 2025
El lavado como problema de territorios (II)
PH: Jesmond Magro
Mucha risa te da. Mucha risa. Te reís
cuando voy hasta el balcón y digo:
Soy como este brochecito de madera.
Creés que solo una mente estúpida se aferraría
a un broche de ropa con todos los dedos,
como si las garras protegieran un secreto, un nido
una cosa que importa, un nombre
al que le crecerá una mayúscula en el futuro.
Pero un broche de ropa, decís. Un palito de la ropa
marrón, quebradizo, desteñido ¿le importa a quién?
Y eso es todo lo que necesito para el desencanto.
Esa idea, ese desprecio sobre la cosa mínima.
Ese regodeo que se apoya en las varas imaginarias
de la importancia propia ejercidas contra un palito
que no nació para darle valor a los ajenos
ni para pasar pruebas que no le incumben.
Dejalo. Dejá, digo mientras cuelgo sobre la soga
una sábana de tela blanca
que no significa de ningún modo estar rendida,
significa pared que me deja de este lado
que es contrario al tuyo, justamente.
Voy a caminarlo, ¿sabés? Voy a absorberlo
y es el humilde palito quien sella el pacto interno
que corta nuestro balcón por la mitad
como si lo hubiera derrotado una tijera, un hacha,
o el derrumbe definitivo de lo que cae con el peso
de las mil veces que ha recaído antes.
Algún día va a entenderlo, digo.
Algún día, ya muy lejos de este día,
existirá un broche en lo lejano de otra soga
madera noble que se moja y al día siguiente ya está seca
péndulo que se polariza en bailes con el viento
dispuesto no digo a apretar, sino a sostenerse
y sostener, sostenerlo,
y apenas brille el sol de la tarde en su nervio,
en su nudo de metal introvertido,
él percibirá un corazón en esa forma acaracolada y fría,
y dirá, en un eco que ya no llega:
¿cómo no me di cuenta?
El lavado como problema de territorios (I)
Querido vecino que todos los sàbados
desde hace meses
cumplís con tu rutina de asado nocturno
para la familia tipo,
te pido por favor
que te permitas el sabor de la aventura
y el insight de los nuevos ingredientes.
Improvisar
es un acto de rebelión necesario
en la rutina y el orden
de una pareja con dos hijos.
Quizás puedas considerar que los martes
también existen y son buenos para el asado
ni te digo los jueves, en que la carne
está tan fresca que todavía
huele a campo y no a matadero.
Te cuento que esos días son ideales
para la cocina al aire libre
pero no para el lavado de ropa del resto.
Justamente los sábados, aquellos
que no tenemos terrazas
ni parrillero, ni familia tipo
nos ocupamos de lavarla.
Te juro que no es nada en tu contra.
Es que este fue un año difícil
y me encantaría
que, por una vez,
al sacar la ropa interior de la soga,
el domingo,
no tenga olor a humo
ni a chinchulines
y mucho menos a familia.
lunes, 27 de octubre de 2025
domingo, 12 de octubre de 2025
El barquero (Sharon Olds)
vuelve a trabajar. Después de veinticinco años
desempleado, está muy contento
de haber sido contratado, llega puntual,
trabajador incansable. Se sienta
en la proa de la barca, dulce timonel,
de espalda a los pasajeros. Está muerto,
pero se arrodilla erguido, mirando hacia delante,
a la otra orilla. Alguien ha cerrado
su boca, de modo que se lo ve más cómodo
—ni sediento, ni necesitado— los ojos
abiertos, bajo el iris la línea negra
que apareció con su muerte. Está tranquilo.
Su nuevo empleo es una broma entre los dos,
le encanta bromear conmigo, no ha perdido
su cara de póquer. Mascarón de proa de marfil,
hombre alto, demacrado, costillas, pezones, labios,
cada vez que traigo a alguien
y lo pongo en el barco y lo empujo,
mi padre lo lleva remando a través del río
hacia la lejana orilla. No hablamos:
él sabe que se trata de alguien
de quien me quiero deshacer, alguien
que me hace sentir fea y asustada. No le digo
como lo hacías tú. Él conoce el oficio
y lo disfruta. Cuando arrojo a alguien dentro
él no mira hacia atrás: lo lleva directamente
al infierno. Quiere trabajar para mí
hasta que yo muera. Sabe que entonces
iré hasta él, subiré a su barca
y me dejaré llevar, estiraré mi mano amplia
hacia la suya, lo ayudaré a desembarcar,
nos abrazaremos como dos que nunca nacieron,
desnudos, sin respirar, nos cubriremos
hasta los labios con el oscuro manto de la tierra
y descansaremos juntos al final de la jornada.
Sharon Olds (San Francisco, 1942), El padre, traducción de Mori Ponsowy, Bartleby Editores, Madrid, 2004
lunes, 6 de octubre de 2025
Charles Bukowski - La historia de un tenaz hijo de puta

Una noche llegó hasta la puerta mojado, flaco, golpeado y aterrado
un gato bizco y sin cola
lo llevé adentro le di de comer se fue quedando
y me iba tomando confianza hasta que un amigo
estacionando el auto en la entrada
le pasó por encima,
llevé lo que había quedado de él al veterinario que me dijo:
"no hay muchas chances… dale estas pastillas… tiene la columna
quebrada, pero ya se la había quebrado antes y de alguna manera
se le arregló, si sobrevive no volverá a caminar,
mirá esta radiografía, alguna vez le dispararon, fijate, los perdigones
todavía están ahí… además, alguna vez tuvo cola y alguien
se la cortó…"
Traje al gato de vuelta, era un verano caluroso, uno de los más
calurosos en décadas, lo instalé en el piso del baño,
le puse agua y le di las pastillas, no comía,
no tocaba el agua, yo me mojaba un dedo,
le humedecía la boca y hablaba con él, no salí a ninguna parte,
pasé un montón de tiempo en el baño, le hablaba,
lo tocaba con suavidad y él me miraba
con esos pálidos ojos bizcos y con el correr de los días
hizo su primer movimiento,
avanzó a rastras con sus patas delanteras
(las de atrás no le funcionaban),
llegó hasta su caja de arena
y se metió reptando en ella,
eso fue como la trompeta que anunciaba una posible victoria
sonando en ese baño y en la ciudad,
le conté a ese gato que yo también la había pasado mal,
no tan mal pero sí lo suficientemente mal,
una mañana lo consiguió, se paró, se volvió a caer
y se quedó mirándome.
"vas a poder", le dije.
Siguió intentándolo, se levantaba, se caía, al final
caminó unos pasos, parecía un borracho,
las patas de atrás sencillamente no querían andar y se volvía a caer,
descansaba y se volvía a parar.
Ustedes ya saben lo que sigue: ahora está mejor que nunca, bizco
casi sin dientes, pero la gracia está de vuelta
y esa mirada que nunca lo abandonó…
A veces me hacen reportajes, quieren escuchar acerca
de la vida y de la literatura y yo que estoy borracho, alzando a mi gato bizco,
baleado, atropellado, descolado, les digo: "miren, miren esto"
Pero no entienden, preguntan cosas como: "¿dirías
que estás influenciado por Celine?"
"¡no!" y levanto al gato "¡estoy influenciado por lo que pasa,
por cosas como ésta, por éste, por éste!"
Sacudo un poco al gato, lo sostengo
en la luz neblinosa y borracha, él se relaja, él sabe…
y entonces se termina la entrevista,
a veces me siento orgulloso cuando después veo las fotos,
ahí estoy yo y ahí está el gato y nos fotografiaron juntos.
él también sabe que todo eso es una estupidez pero que de algún modo ayuda.




