"Lasciate ogne speranza, voi ch'intrate"
(Dante Alighieri)
Bienvenido al subterráneo de la carne,
al error del plan, al cuerno dentro del ojo
a la vida que no era lo que pensábamos
a la oscura estrella dentro de tu estado de ánimo.
Todos llegamos acá porque no leímos los carteles
llenos de luces rojas al costado del camino
pero ellos no están hechos para verlos
dentro del auto que flota en movimiento.
Ahora, en la enorme nada
que se mete como un virus en los pulmones
las sábanas dejan de velar
las luces de las luciérnagas del fondo
que al final eran opacas.
Bienvenido, entonces,
al surmenage del mundo, el del fondo del frasco
Acá todo se mueve con lentitud qurúrgica
y cada palabra tiene el don del rayo que te parte.
Bienvenido, aún así. No hay festejos.
Acá somos muchos los que esperamos un rescate
cuya burocracia está ocurriendo
dentro del trámite de un cuerpo
que ha perdido todo menos la memoria.
Te asignamos aquel rincón,
el del costado derecho.
Le da algo de sol por las mañanas
y no humedecen el piso las goteras.
Ojalá encuentres pronto tus salidas,
pero es bueno que sepas, mientras tanto,
que entre todos abrigamos
un lugar a salvo en medio de los terrores
y que cada uno de los días, cerca de las ocho
nos reunimos en el centro de este pozo
para abrazar el combustible incombustible
que corrompe el fuego de nuestras hogueras,
ya que queman menos si las alimentamos
con el rumiar de los cristales rotos
que cada uno involuntariamente
trajo clavados como dientes en la espalda.

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