El vals transcurre entre paredes de neblina.
Se agita el sepia de mi cuerpo
sin poder decidirse todavía
por la claridad de un color.
Ahí, en la rareza de la intermitencia
siguen escribiéndose solos
los nombres de las máscaras
que giran sobre mi ánimo como trompos inalterables.
El camino, mientras tanto, dice que avance en la confianza,
que sea paso mientras dejo de ser el suelo,
pero las plantas de mis pies crecen lentamente, todavía,
como semillas prematuras que brotan en invierno.
Se nace igual, me digo, como las mañanas.
Todo corazón se cuece a las brasas y a las espinas
Pero eso: lentamente.
Hoy siento el recorrido del mundo sobre mi espera.
Hoy siento que caminan en mí los pasos
de los que saben hacia dónde.
Soy pasillo, hoy. Mañana
(pronto, cerca),
seré claridad y destino. Pero hoy
solo quiero mirar cómo todo lo lento cura
mientras ruego que lo que cura me haga sitio.

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